jueves, septiembre 07, 2006

EL DILEMA DEL INDIVIDUO: Borrego o Rebelde

I.-

Nuestras vidas son miserables, de ello no cabe la menor duda. Pero la miserabilidad cotidiana de nuestra existencia es ocultada detrás del velo que las diversas representaciones proyectan, ocultando el verdadero horror de nuestras existencias diarias.
Nuestro nacimiento es el primer acto de sometimiento y de servidumbre que sufrimos y, que se profundizara aún más en un futuro muy cercano.
El poder, por intermedio de las multiplicidades de instituciones de dominio y de control social, nos inocula el virus del temor, del rebaño, y el de la cotidianeidad.
Hay que ser como todos, ese es el estereotipo que nos ordenan, no hay que salirse de las pautas fijadas, debemos cumplir el rol que la sociedad espectacular nos ha predeterminado, aún antes de nacer.
De casa al trabajo y del trabajo a casa, es un viejo adagio popular, que todos los Estados y el capital aplican, no vaya a ser que al desviarse del camino establecido, extrañas ideas puedan ser inyectadas en las mentes de los individuos / as, y que seguramente mucho efecto podrá ocasionar en aquellas individualidades que ha tenido la posibilidad de desvelar los distintos telones que la simulación espectacular monta, a los solos fines de su ejercicio controlador.
Pero, la fascinación que provoca los valores y los roles son muy poderosos Y, no por el sólo hecho de expresar que nos hemos desembarazados de los mismos, aquellos no ejercen en cierta manera de alguna influencia. Dichas pautas y roles deambulan como fantasmas al acecho de aquellas individualidades que han comenzado a rebelarse como individuos / as, iniciando el largo camino de negación y de ruptura de todos los valores, creencias y dogmas morales.
Este proceso negador genera incertidumbres. Ello es así, y no cabe la menor duda, ya que las incertezas, es donde anida los fantasmas, que pueden conducirnos a distintas variantes de pasividad, bajo la advocación de una nueva armonía o punto de equilibrio, que no es otra cosa, que el encadenamiento de nuestro ser a una nueva deidad secular, en reemplazo de la muerta.

II.-

Nuestras vidas son inoculadas diariamente, desde el mismo momento del nacimiento, de una serie de representaciones y ficciones sociales, tales como: familia, amistad, democracia, trabajo, etc., cuya utilidad es simplemente en convertirnos en buenos súbditos y/o ciudadanos, y como se puede ver, ello es sinónimo de sometimiento a la autoridad del poder estatal y del capital, como asimismo, renuncia “voluntaria” de nuestra autonomía individual y de nuestro poder y libertad, delegándolo todo ello a una “instancia superior”, como es el Estado quien a través de sus aparatos de dominio y coerción social se apropiaran de nuestras vidas, decidiendo por cada uno nos.
Ello no debe llamar la atención, ya que al momento de nacer, el Estado comienza a ejercer su potestad de dominio, delegando a la familia, de manera transitoria, el sometimiento del niño a los poderes superiores, tarea ésta, que continuará con la educación, homogeneizando a las diversas individualidades en diversos roles, entrenándolo en el “amor” y “respeto” a la propiedad privada, a la mercancía, a los poderes constituidos, al trabajo, etc., en otras palabras, a que nos transformen en seres pasivos, que acepten plenamente la sumisión y la servidumbre impuesta, que sean esclavos satisfechos y conformes de su condición.
Cabe subrayar, que con sólo observar diariamente, en los medios de transportes, en el trabajo, en las instituciones educativas, en los lugares de esparcimiento, en las relaciones humanas ( “amor” y “ amistad”) que todos dichos seres no son más que entes amorfos y autómatas, que se despiertan, realizan su actividad, duermen, se divierten, etc., porque así se le ha impuesto, porque ello es lo “normal”, y por lo tanto, hay que aceptarlo sin cuestionamiento.
Aquellos que se hallan satisfechos de tal condición, se encontraran seguros bajo el paraguas protector y ordenador del Estado, dirán “siempre fue así, por ende, no me cuestionó nada”. Esa protección que brinda el poder estatal, y que podemos denominarla “seguridad”, es fundamentalmente aquella que implica que el poder no varíe la cotidianeidad gris y amorfa de cada día, que impida y ejerza toda su potestad para evitar aquellos individuos/as que con su praxis de negación /ruptura intenta destruir dicha cotidianeidad, ya que ello significa, evidentemente, ver lo que no quieren ver, porque al descorrerse el telón de las representaciones proyectadas, evidenciaran la verdadera significación de su vida, que no es más que una ficción. Es por ello, que los seres “normales”, aquellos que son esclavos de las pautas morales y dogmas impuestos, exigen seguridad. Para que la ficción en que viven no se vea contrastada por la verdadera dimensión de su existencia cotidiana, que no es otra cosa que esclavitud.
Mientras el poder pueda brindar dicha seguridad a la cotidianeidad, tendrá legitimidad entre los sometidos, sino perderán la misma, y buscarán aquellos representantes que pueda garantizar la misma, o sea, a nuevos amos a quien servir.

III.-

La sumisión de los seres, productos de la sociedad dividida en estamentos sociales, que crean y generan leyes, instituciones, reglamentaciones, etc., no es en sí misma una explicación del por qué de la servidumbre y el sometimiento de los individuos/as, sino que la existencia de tales regimentaciones, generan acostumbramientos entre los individuos / as a las manipulaciones y montajes erguidos por el poder, que conllevan hacia una tendencia inconsciente al sometimiento en sus relaciones de todos los días, y a desapropiarse de su propia vida.
Dicha tendencia tiene su propia lógica, y la misma es la de resignarse a dicha condición, y aceptar trágicamente la moral de borregos que los nuevos dioses imponen.
Sin embargo, no es suficiente explicación que dicha lógica este dada por la resignación de las individualidades a la servidumbre. No, no es ello solamente, toda vez que dicha dinámica, si bien no es uniforme posee características comunes. Uno de los factores de la resignación individual lo constituye tanto la democracia como el discurso único.
Por un lado - la democracia- establece el rebaño o, la masa como centro. La sociedad es endiosada como fuente de toda “sabiduría”, y como fuente de sometimiento de los individuos / as, vox populi, vox dei, reza un antiguo adagio popular, glorificando a la masa uniforme, a la sociedad civil como nuevo dios de la “igualdad” nivelando a las individualidades en su sometimiento al poder, pero dicha nivelación jamás aconteció con respecto a los privilegios de casta, clase, etc.
Dicha nivelación, exige la sanción de leyes, normas, constituciones, que pusieren en el vértice de la pirámide, a dios como fuente de todo conocimiento y sabiduría, es decir, que los individuos / as debían someterse como ocurrió en el pasado en la Francia republicana del siglo XVIII, postrarse ante un nuevo dios, el dios de la “igualdad” el dios del rebaño, demonizando a la autonomía individual.
Es decir el derecho, constituye la voluntad del nuevo dios erigido por la sociedad civil, el cual tiene por finalidad coartar la individualidad única e irrepetible que posee cada uno de los individuos / as, ya que ahora todos somos “iguales ante la ley”, o sea, constituimos objetos a los cuales se nos ha reservado el cumplimiento de un rol determinado en la actual sociedad espectacular.
En los párrafos precedentes se habla de igualdad, que vino a través de la democracia, el cual sometió a los seres a una lógica de borregos, que significaba, la muerte de la individualidad, con la consiguiente entronización de un único ser, un único cuerpo: el Estado y todas sus instituciones jurídicas, legislativas y políticas a través de la mistificación democrática. Renzo Novatore ajustadamente expresaba que ello constituía el triunfo del cristianismo y su espíritu de igualdad, su espíritu colectivo, de imponer dogmas y escalas de valores de rebaño, despreciando al individuo y a su individualidad.
Los viejos paradigmas y certezas mesiánicas, cuya rostro más visible lo constituía la idea de dios, ha muerto. La muerte de dichas certezas significaron que de los rostros humeantes de dicho dios se erigieran nuevos dioses seculares, que recorrían nuestro ser y nuestros actos, como sombras y espectros susurrantes. Dichas entidades tenían nombres propios: Iluminismo, racionalismo, progreso, evolución e incluso revolución.
Las búsquedas de nuevas vías de salvación por parte de las individualidades, a través de los interpretes de dichas sombras, no significaron más que la más absoluta impotencia de hallar la misma, ya que el viejo dios metafísico, ha sido reemplazado, como se ha dicho más arriba, por un nuevo dios secular, que estará apuntalado por la razón científica de la construcción de un paraíso terrenal, sin contradicciones, de clases, de razas, el reino de la igualdad fraternidad y libertad, son algunos de los ejemplos vivientes de los nuevos dioses que la razón ha generado, y en todos ellos no se reafirma la individualidad, al contrario, se propugna como razón última la necesidad que los individuos/as pierdan su condición de autónomos/as, y se masifiquen tras la idea de sociedad, clase social, o de sujeto colectivo

IV.-

Sin embargo, los viejos devaneos mesiánicos, que prometían la salvación, y la constitución de reinos milenarios, como Hitler, o el triunfo definitivo de una clase social determinada, tal cual lo planteara Marx con el proletariado, y la consecuente destrucción de los enemigos de la patria, o de la clase antagónica han muerto.
Sin embargo la muerte de dichos espectros, no ha significado, bajo ningún punto de vista, el reconocimiento de la bancarrota social del orden social vigente, y de todas sus estructuras culturales, sociales, históricas, etc.
Al contrario, la enajenación de los que son objetos las individualidades aún pervive.
La espectacularidad social, es simplemente la simulación y las ficciones que el capital establece entre personas mediatizadas por imágenes, lo que conlleva, empero, a que el antagonismo no este determinado por la ubicación de las individualidades en el proceso productivo, sino todo lo contrario, en la ubicación en el ejercicio / aceptación del dominio por parte de los aparatos mediadores del poder.
Ello es así, ya que el capital en esta era post-moderna ha fundado su poder en la proliferación de objetos de consumo, y en la mercantilización del goce, que deriva de aquella, como asimismo la apropiación del tiempo y del espacio de los individuos / as por parte del capital.
No puede considerarse un proceso de negación/ ruptura, el apropiarse de los susurros iluministas y cientificistas del marxismo, ni tampoco de sus variantes putativas, ya que el mismo, no es sinónimo de ruptura, sino más bien la continuidad de la decadencia, a través de nuevas sombras y espectros, o sea, de nuevos amos.
Por ende, cabe interrogarse ¿ qué hacer ante esta situación? Evidentemente, una negación/ ruptura con el orden social, tal como lo proponían, y aún lo proponen, los viejos dioses seculares, resulta imposible, ya que la praxis del capital absorberá, recuperará, y por lo tanto mercantilizará todo discurso destructivo del orden vigente, siendo ofrecido a la sociedad como bienes para ser consumido.
El discurso de la sociedad post- industrial, es masificador, en él se eliminan toda diferencia individual. El individuo/a, no es un ser único e irrepetible, sino que son cuerpos salidos de la misma matriz social, y su finalidad es el goce y el consumo masificador y homogenizador. Y, frente a la lógica que nos impone el capital, no se halla diferencias con el llamado “discurso alternativo” del marxismo, en ambos casos significa el avasallamiento del individuo, como ser autónomo y libre, por un sujeto colectivo: llamado clase social, ( proletario)
Clientes y clase, no sólo significan la masificación y la pérdida de individualidad de los individuos / as, sino también, son dos caras de una misma moneda, que significa ser co-individuos en la sociedad.
Para concluir, resulta necesario plantear al igual que Nietzsche nos dijo que el superhombre, el hombre nuevo, libre, sería aquel que se impusiera sus propios valores, trasgrediendo los imperantes, los valores del rebaño, hoy los valores de la sociedad de consumo, los medios masivos de comunicación y el discurso capitalista. ¿La salida? El individuo.

NIHIL

lunes, septiembre 04, 2006

LA NECESIDAD DE LA NEGACIÓN/RUPTURA DE LOS ACTUALES PARADIGMAS.

Todo anárquico, gusta de hablar en debates y reuniones públicas, o gastar ríos de tinta en sus publicaciones, volantes, folletos, etc., de conceptos tales como guerra social, conflictividad, subversión, etc., y de la necesidad de la revolución social, insurrección colectiva para la destrucción del Estado/capital
Es así, que se ha creado en torno a dicha terminología, una especie de pasaporte que abre el camino al microcosmos, o al ghetto de los anárquicos. Pero sostener una posición al contrario, significa caer en un profundo ostracismo, por el sólo hecho de rechazar aquellos paradigmas ideológicos, y las consecuencias que los mismos acarrean.
Sin embargo, los conceptos descriptos más arriba no son más que estereotipos que el orden social vigente impone a las individualidades, a fin de una mejor clasificación de los individuos / as en la actual sociedad, y por ende, una forma de control social.
La denominada “protesta social” en sí mismo, no implica, bajo ningún punto de vista, ninguna negación y/o rompimiento, aunque mal no sea germinal, con la sociedad de consumo y de mercancías en que vivimos, todo lo contrario, es simplemente, la forma que posee dicha sociedad para la continuidad y el perfeccionamiento en el ejercicio del dominio y control social.
Ello es dable de observar, en las continuas protestas que se han desarrollado y ejecutado en diversos puntos geográficos, en la cual, no sólo el orden social, ha podido recuperar la misma, utilizando todo una amplia gama de recursos, sino también y a despecho de lo que muchos plantean, dicha conflictividad social no ha generado ni un solo ápice de conciencia.
Cabe señalar, que pretender que la llamada protesta social, sean peldaños direccionados a combates sociales de mayor intensidad y envergadura, no sólo constituye una ficción, sino también, constituye un pensamiento que ha sido inoculado profundamente con la idea determinista y mecanicista del progresismo, provenientes del materialismo histórico del marxismo.
Cómo anárquico, no sólo se rechaza las ficciones que el orden social de dominación va generando a su paso, como falsos caminos que no llevan más que a callejones sin salidas, y todo ello con el objetivo de la perpetuación, no sólo de la sociedad del consumo y de la mercancía, sino además, del perfeccionamiento en el ejercicio del control social sobre los individuo/as.
Un proceso de negación y de ruptura, es netamente un acto individual, ya que constituye una reafirmación del poder del individuo/a frente a la masificación que nos propone el orden instituido. Falso resulta pensar, que los actos clásicos de protesta social, sea un ejemplo colectivo de ruptura, aunque sea momentánea, ya que dicho proceso negatorio no es uniforme y homogéneo entre las individualidades, al contrario constituyen la acción más heterogénea.
Ello es así, porque el acto insurrecto de los individuos, que significa la negación / ruptura con los dogmas y los valores que el orden espectacular nos impone, no se coronan como muchos gustarían de ver en una estructura de base, todo lo contrario, ello no sería más que una simple re-adaptación del concepto de homogeneidad, y la instauración de nuevas sombras y espectros en el acto rebelde individual.
La red de complicidades, no se homegeiniza jamás, es simplemente un entramado de intereses individuales, que desde diversos puntos de vistas, y muchas veces no interconectados entre sí, que atentan contra el espectáculo mercantil y consumista de la sociedad. Es la comunión de placeres.
Hay que rechazar todo intento de racionalización, ya que ello ahoga toda nuestras ideas y acciones bajo el yugo de valores y de creencias preexistentes. Las distintas individualidades cuando se rebelan contra el orden social existente, no lo hacen bajo condiciones homogéneas que su congéneres, las motivaciones de la misma, son múltiples, ya que múltiples es la insoportabilidad de la existencia que padece cada uno de las individualidades.
La complicidad que podamos sentir con otro, debe significar simplemente no una comunidad de ideas / acción, típico del análisis iluminista y racional que es la dimensión cuantitativa que nos propone el materialismo dialéctico, al contrario, la complicidad debe ser una comunión subversiva de distintas motivaciones individualidades, y de multiplicidades de negaciones y rupturas.
El orden espectacular intenta de manera persistente, en que los individuos / as no niegue los paradigmas que el siglo de las luces nos ha legado, todo lo contrario, la negación / ruptura, no es solamente aplicable al sistema de ideas, valores, creencias y dogmas del orden social mercantil y consumista, sino también que dicho proceso rupturista y negador debe ser aplicado también al discurso único “revolucionario” con el que se intenta homogeneizar bajo comunes denominadores a las individualidades.
Ello no resulta sencillo, ya que los espectros y sombras de los nuevos dioses seculares, hijos del iluminismo y del racionalismo, han inundado nuestras mentes de valores y creencias, con el fin manifiesto de estereotiparnos y encadenarnos a las voluntades de dichas sombras.
Por eso, cuando se habla de negación/ ruptura con los actuales paradigmas, se quiere significar, no la oposición, pero si la necesidad de destrucción de todo el cuerpo de dogmas, creencias y valores que los nuevos dioses han creado. Si bien, se plantea el deseo de la destrucción del Estado/capital, ello no será posible si se considera que la viabilidad de dicho acto esta dado por la sumisión a una ideología determinada, o que la factibilidad de aquello es producto de una confluencia de las distintas individualidades hacia un sujeto colectivo, al contrario, ello no significará ni ruptura ni negación del orden social, sino más bien, dará nacimiento a nuevas sombras de dominación y de control.
El acto de rebeldía, no se codifica ni en unas plataformas, ni en estructuras orgánicas, ni semi-orgánicas, es simplemente una orgía de placer destructivo que recorre el cuerpo del individuo/a. Es la bella sensación que genera el destruir a las sombras y espectros, que se traducen en el sometimiento y esclavitud de mi individualidad. El placer es un acto propio, único que no encuentra identificación en los placeres de otros. Por ello, justificar la homogeneidad es justificar el rechazo del placer de rebelarse.
NIHIL







jueves, agosto 31, 2006

REFLEXIONES EN EL SUBTERRÁNEO

El subterráneo, es uno de los medios de transportes, que me permiten pensar. Sea porque observó los rostros grises, uniformes y masificados del ejército de esclavos felices, que marchan rumbo a su propia muerte, sea porque no logró ver en ellos, ninguna mueca en los rostros de estos entes esclavizados, de odio y rabia contra los valores que el orden social ha impuesto.
Sí hablaría de ello con algún marxista e incluso anarquista, lanzarían la misma perorata de la necesidad de construir la subjetividad pérdida, para luego lanzarse a la conquista del palacio de invierno, una versión romántica y muy novelada para hablar de la revolución.
Sin embargo, ello no me conmoverá, ya que de la lectura de la historia está me ha mostrado que todas las revoluciones han sido recuperadas por el espectáculo social. Tampoco significará nada, para mí, viejos relatos de revoluciones traicionadas, desviadas o desfiguradas.
Siempre la misma vieja canción. Pero volviendo atrás como dichos sujetos que son felices en su esclavitud, en su cotidianeidad, podrán romper con dicha mentira. Evidentemente el partido, el grupo, el colectivo, no son sinónimo de ruptura, sino más bien un cambio de la estética en los valores y dogmas morales, que cuando más audaces son, generan entre aquellos una honda impresión. Pero si rascamos un poco la superficie, el hedor pestilente de los viejos dioses podrá ser percibido por nuestros sentidos más claramente.
La policromía discursiva de estas sombras que deambulan en busca de espíritus a quien redimir es por demás sugerente y seductora. Me susurraran al oído, sobre la necesidad de la redención de los “esclavos sin pan”, ya que éstos, al decir del dios marx, son el nuevo pueblo elegido, por algún dios, que no sé a ciencia cierta quien es. Las engañosas palabras nos hablarán de mártires y martirologio, de piedad y de piadosos, amor y de odio, de egoísmo y de altruismo. Pero todo ello, ¿no fue dicho hace más de dos mil años? Sí lo fue. Sin embargo no tiene importancia.
Aunque en realidad poca importancia tenga estos profetas de la redención y del martirio. No me importan sus sínodos, ni sus bulas ideológicas. Tampoco me importa los valores que los individuos / as defienden.
La seguridad que los entes masificados buscan, de la omnipresencia de un ser trascendental, ya que ello va a contramano del verdadero proceso de desconstrucción de las columnas vertebrales de este sistema de dominación y de consenso social.
El viaje esta llegando a su fin, y me pregunto: ¿Podrán estos individuos / as preocupados por su seguridad, para que la vida continúe siendo previsible y que no se modifique su cotidianeidad ser artífices de un proceso individual de negación/ ruptura? Ninguna respuesta se puede dar, ya que estoy más preocupado en la continuidad de mi propio proceso de negación, tratando de aplastar a la obviedad que busca encerrarme en la pasividad y en al sumisa aceptación de los valores.
No intento convencer a nadie, que lo que pienso y digo sea correcto. No intento tener seguidores, ya que pienso que todos somos individualidades únicas, y el sólo hecho de pensar tener un séquito, no me causa horror únicamente, sino también, que me resulta vomitivo.
Al contrario, cada individuo/a deberá por sí mismo realizar la crítica radical a la esencia misma de todo el andamiaje de dominación y control, sin delegación alguna, iniciando así en proceso infinito de negación / ruptura y posterior destrucción del orden social impuesto.
Y, cada individuo empeñado en ello, no de debe convencer, sino impulsar dicha crítica.
Se acabó el viaje, tal vez mañana, algunas ideas se crucen en mi cabeza cuando viaje nuevamente en el subterráneo.
NIHIL



ALGUNAS BREVES NOTAS SOBRE VIEJOS Y NUEVOS DIOSES Y NEGACIÓN / RUPTURA


I
Cuando partimos de la premisa que es necesario la destrucción del orden social y de todo lo existente, sean estos: sus dogmas morales, valores, virtudes, cultura, etc., se está planteando las motivaciones básicas que se propone cualquier individualidad anárquica.
Sin embargo, ello no sólo no es una tarea sencilla, sino también, que es indispensable tener en consideración que la motivación de la destrucción y muerte de los viejos dioses, estuvo signada también por la necesidad de la destrucción del orden social y de todas las reglas que imperaban en dichas sociedades.
Asimismo, no resulta útil, las meras críticas formales y superficiales de los valores y dogmas, ya que no se estaría realizando una crítica radical al aspecto esencial y determinante de aquellos, y de sus herederos los espectros y sombras que el viejo dios destella a su muerte.
Ello es así, toda vez que la premisa fundamental de la existencia de los viejos dioses metafísicos tiene como piedra angular de su estructura de dominación social: los dogmas morales y sus valores, en la cual nos proponen vivir en la sociedad del sufrimiento.
Ello surge con prístina claridad, y a ello no escapa ninguna religión metafísica, el profundo odio que éstas siente contra todos los espíritus libres, o sea contra todas las individualidades con poder y autónomas. Aquellas, con sus morales de borregos, proponen que ahoguemos nuestras pasiones, y nuestra felicidad basada en la libertad absoluta, y en cambio nos proponen que la felicidad debe estar edificada sobre lo cimientos de la sumisión y del ahogamiento de nuestras pasiones y, entronizando falsos valores, que son elevados al rango divino, como el sacrificio y el martirio del individuo/a, la homogeneidad, al someterlos a una moral de borrego.
En la modernidad, el dios metafísico murió, pero sus sombras, y su aliento pervivían en la existencia de los nuevos dioses seculares, que a partir de la modernidad se fueron gestando. Los individuos / as, o bien rechazan la idea misma de dios, o bien la adaptaban a sus circunstancias, y en ambos casos era sumamente útil y beneficioso para que perviviera los dogmas y los valores del sometimiento.
II
La simbología de los viejos dioses ha mutado. Sin embargo dicha transformación que se ha operado en las creencias, dogmas y valores pre-establecidos, mantienen inalterable los aspectos esenciales de los viejos dioses, por más que éstos hayan sido reemplazados por nuevas deidades seculares.
Al igual, que en tiempos pretéritos, las modernas sombras y espectros del sometimiento, y del aplastamiento individual existe, ya no a través de sacerdotes, shamanes, libros sagrados, etc., sino por una simbología adecuada a la era post-moderna en que vivimos, que se traducen a través de una compleja red de instituciones políticas y sociales, religiosas, educativas, que conllevan a que las individualidades, no sólo se masifiquen detrás de una conducta aceptable y previsible para el orden social vigente, y común a todos. Y dicha homogeneidad en nuestras conductas y, practicas diarias conllevara necesariamente a que nuestra individualidad sea encadenada, y sometida a los más extremos suplicios por parte de la maquinaria social.
Sin embargo el individuo/a, de manera inconsciente considera como normal la estructuración y la manera como el orden social moldea y estructura su individualidad, por medio de valores y dogmas sociales, y culturas masificadas, y mistificaciones institucionales.
III
Cuando el individuo/a comienza a hacerse preguntas acerca de la estética y de las distintas ficciones que el espectáculo social va generando en su accionar, acaba sintiendo que todos dichos valores erguidos con el objetivo del sometimiento individual a un imaginario colectivo – sociedad- resulta una carga que lleva tras de sí resulta muy pesada.
El cuestionamiento efectuado por el individuo/a, que puede llevar a un estadio inicial de negación de los valores, pautas, dogmas, etc., no es en sí mismo suficiente para considerarlo como el inicio del proceso de negación / ruptura con todo los valores existentes, ya que nada hace para reafirmar su individualidad, sino que solamente son ficciones o apariencias de negaciones/ rupturas, toda vez que no se han propuesto la destrucción de los valores que nos ha sido transmitidos por la maquinaria social.
Es cierto, que al estar integrado a una sociedad, y convivir junto a millones de individuos, asimilemos pautas de conductas pre-establecidas por las costumbres, y que muchas veces se intente un ritual común con todos aquellos.
El proceso de negación / ruptura, no es identificable, ni homogéneo, todo lo contrario, es autónomo, ya que las preguntas y las motivaciones para el inicio de dicho proceso, se fundamentará en las negativas a los distintos rituales que participaba el individuo, y que están determinados por las creencias generalizadas y normativizadas del orden social.
El hablar de negación / ruptura, no significa identificarlo con la “opinión propia”, todo lo contrario, ya que esto último, no puede ser considerado como el germen de un proceso de negación de los valores impuestos a las individualidades exógenamente, sino que es más bien parte de la estética del espectáculo de crear ficciones de “libertad”, cuando en realidad no se ha iniciado el cuestionamiento de toda las estructuras de valores que sostienen el edificio social.
En cambio, el proceso de negación / ruptura y su traducción práctica en la destrucción, implica un movimiento individual, que no halla su fin, sino que las negaciones y las rupturas a los parámetros que inconscientemente pueden ir solidificándose en nuestra individualidad, son constantes. Es un infinito insurreccionarse como individuo/a.
IV

Es así, que los viejos dioses, como las nuevas deidades, generan, como se ha visto, un complejo sistema de valores, conductas y dogmas, que coadyuvan a su sostenimiento, y al sometimiento de los individuos/a, a través de los roles estereotipados que el orden social impone a cada uno de nosotros.
No basta, con poseer un sentimiento de desagrado, e incluso crear ficciones de negaciones y rupturas con el orden vigente y sus valores impuestos, ya que ello, puede incluso significar una manera de sostenerlo, al considerarnos parte de este sistema.
Es preciso señalar, que el camino de la negación/ ruptura y posterior destrucción, que se reitera es un hecho exclusivamente individual, significa una profunda desestructuración de todos los parámetros sociales, culturales, etc., que el espectáculo impone, y que frente a las preguntas que nos formulemos, debemos dar respuestas que impliquen la negación al actual orden de cosas, a la ruptura con el mismo, y la consiguiente destrucción de todos los condicionamientos externos a nuestra individualidad, que impone la sociedad.
Y, para que las sombras y espectros de los viejos dioses no se posen nuevamente sobre nosotros, como individuo/as, el proceso no debe hallar fin, sino ser infinito.
NIHIL





miércoles, agosto 30, 2006

DEL ANTICRISTO

"¡Y pensar que medimos el tiempo empezando a contar desde el día fatal en que empieza destino tan degradante: desde el primer día del cristianismo!. ¿Por qué no ha de medirse a contar desde su último día?. Desde hoy por ejemplo...¡Transmutación de todos los valores!."
Friedrich Nietzsche. (de "El Anticristo")

martes, agosto 29, 2006

LA ANARQUIA Y LA NO FE EN LOS VALORES Y DOGMAS

¿Qué es la Anarquía?, ¿Qué significa ser Anárquico? Para brindar una somera descripción de ello, se puede afirmar que el Anárquico y la Anarquía significan el rechazo total y absoluto de toda creencia, dogma y valores que el orden espectacular impone a las individualidades, con el objetivo de perpetuar el ejercicio de la dominación y el control social, por sujetos supra-individualidades.
Dentro de dicho rechazo, se puede incluir asimismo, a la totalidad de las ideologías, ya que ésta exige no solo la creencia absoluta de la misma, sino también la total sumisión de la voluntad individual al cuerpo de dogmas y valores determinado por aquella.
La Anarquía, y por consiguiente el Anárquico, no se plantea en absoluto la salvación de nadie, ya que al rechazar toda ideología de la redención, y de los valores y dogmas impuestos como imperativo, se plantea a contrario sensu, que no es un ente supra- individual, o sujeto colectivo, que logrará redimir a los individuos, todo lo contrario, es el propio individuo que podrá subvertir su propia existencia rechazando a aquello ídolos. Ello es así, toda vez que la aceptación de sombras que nos planteen la existencia de un paraíso terrenal, no sólo sería una contradicción con la concepción de libertad absoluta, de autonomía, y de poder, sino también, porque implicaría transformarnos en un espectro, o en un sombra, al reapropiarnos de los falsos mitos y valores que aquellos imponen.
Así también, la Anarquía, constituye una negación de la concepción progresista e iluminista de la sociedad, típica del hegelismo, que plantea, no sólo el rechazo de la reafirmación individual, en beneficio de un sujeto colectivo o supra- individual, sino también, como lo plantea el marxismo y en muchos casos el anarquismo, en donde todos los seres sean homogéneos, o mejor dichos entes masificados sin voluntad propia, ya que la misma estaría sometida a los designios de las sombras y espectros de las nuevas deidades seculares, o tal vez como muchos desean de conformidad con los sofismas metafísicos de los viejos dioses, que en realidad han muerto.
Como Anárquico se rechaza esto, ya que se cree que no existen metas pre-establecidas, ni objetivos o destinos manifiestos de los individuos, de raíz teológica o ideológica. Es por ello, que se concibe a la Anarquía, y al individuo Anárquico, como aquel, que considera que todo tipo de organización social, política o ideológica, es un límite a nuestra libertad, autonomía y poder individual, y por ende, debe ser destruida. Y, para que ello acontezca, es preciso rechazar la existencia de todo programa o pauta de naturaleza positiva, ya que ello significaría someternos a una voluntad ajena a cada individuo/ a, y ello sería antagónico con la Anarquía, toda vez que un individuo Anárquico no se somete a ninguna autoridad.
Es por ello, que cuando se habla del sentido negador y destructivo de la Anarquía, se quiere significar en la necesidad de destruir todas las sombras y espectros, que el idealismo crea y recrea constantemente.
Los Anárquicos debemos desembarazarnos, de todos los dogmas y de valores que las sociedades modernas y postmodernas nos han impuesto, ya que éstos no son más que, simples reapropiaciones de pretéritas abstracciones religiosas provenientes de la herencia judeo-cristiana, que creando nuevos artificios, lleva a nuestra existencia a las situaciones más ridículas que se pueda imaginar.
Los dogmas y valores, que se transforman a sí mismos de manera constante, con el objetivo de perpetuar el ejercicio de la dominación el control social, permite al espectáculo social generar sensaciones, que no son más que falacias. Estas mentiras, como justicia, ley, democracia, etc., sirven para consolar a las “almas borreguiles” que vivimos en el mejor de los mundos. Pero, ello no es cierto, todos los dogmas morales y valores que nos han sido impuestos, constituyendo el mejor ejemplo de conservar a los dioses metafísicos, pero sin creer en ellos, y de esta manera encadenarnos a los diversos mitos que este orden social genera, consolidando la existencia de los distintos mitos metafísicos y seculares.
La Anarquía debe rechazar fundamentalmente, los sofismas metafísicos, que los nuevos dioses seculares imponen, ya sea travestidos: como ideologías, sistemas políticos / económicos, e incluso las falsas ideas humanitarias de redención, lástima y caridad, ya que las mismas, son los distintos rostros que adopta el espectáculo social para direccionarnos a los valores y a los dogmas, que nos homogenice detrás de las pautas de piedad, lástima, de bien y mal, igualdad, justicia, etc., que son en definitiva conductas humanas que sirven para afianzar la moral y los valores del esclavo.
Si bien el Anárquico, plantea que los valores y los dogmas morales impuestos por el orden espectacular son falsos, ello no significa, bajo ningún punto de vista que no conviva con dichas sombras, y con personas que acepten y crean en los mismos. Por ello, la Anarquía, no es decir a otro que hacer, sino que a través del test ácido de la praxis, demostrar y desenmascarar las mismas. No para que otros abrace el pensamiento de los otros individuos/as, homogeneizándose detrás de un programa, sino para que dicha individualidad sea única y heterogénea, y no parte del rebaño de borregos.
La negación de los valores y dogmas morales, no es un acto instantáneo del individuo/a, sino todo lo contrario, es el producto de una intensa práctica que consiste en la aguda observación de las tendencias sociales e individuales, y como esta va evolucionando y transformándose en el tiempo, mediante la utilización, por parte del espectáculo, de estéticas, simulaciones y toda suerte de sortilegio, a fin que la manada no se disperse.
Comprendida la dinámica y la lógica que impone dichos valores supra-individuales, y escapado del gran espectáculo masificado de los valores y dogmas instituidos por los nuevos dioses seculares, es dable decir, que el proceso de ruptura / negación se ha iniciado, y una nueva perspectiva en la existencia individual es lograda.
Es así, que la Anarquía rechaza que se yerga nuevos espectros y sombras, tal como fuera todas aquellas ideologías provenientes de la Razón y del Iluminismo en la modernidad y post-modernidad. La Anarquía, no es un dogma, ni tampoco un compendio de nuevo valores que la multitud, entendida como masa, deba adoptar, para su redención social, sino la más absoluta heterogeneidad, a efectos de subvertir nuestra propia existencia, y destruir los espectros y sombras que revolotean alrededor de cada individuo/a.
NIHIL

lunes, agosto 28, 2006

ALGUNOS ESCLAVOS FELICES

Como bien han dicho algunos: “ No hay peor esclavo que el esclavo feliz. No hay tiranía más segura que la que se soporta con alegría”
Esta simple frase es de una gran profundidad, además de encerrar una gran verdad. La alegría de ser esclavos, en el actual orden social, está llenando las prisiones de víctimas voluntarias, deseosas de esclavizarse, sin ruborizarse de manera alguna, y ante cualquier atisbo de ver peligrar los grilletes con que el espectáculo social los ha encadenado, esa masa amorfa y uniforme de esclavos felices, y deseosos de profundizar su esclavitud, no dudarán, ni un sólo instante de clamar y rogar a los poderes a que “actúen”, para que la seguridad impuesta por sus amos perdure, y por ende, perviva la tiranía del Estado/capital.
Hoy, la felicidad de la esclavitud, esta dada por otros factores, ya no es más la seguridad del techo y de la comida de siglos anteriores, todo lo contrario, la esclavitud se ha transformado, es mucho más sutil, es travestida a través de los derechos, de la ciudadanía, de la democracia, del trabajo, de los derechos humanos, de los bienes de consumo, vacaciones, tarjetas de créditos, etc.
Sin embargo, lejos de analizar los distintos aspectos de la esclavitud, resulta más conveniente, en plantear algunas reflexiones sobre la psicología de las masas, que voluntariamente se esclavizan. Pero también, opinar sobre la caducidad de los viejos discursos ideológicos, que no son más que viejas cantinelas llenas de concepciones morales, de martirio y, de sacrificio, en aras de la consecución de una hipotética redención, que no es más, que un simple cambio de amo.
El factor clave que permite al Estado/capital, poseer un ejército de esclavos felices, es simplemente la alienación de millones de individuos / as, no sólo sometiéndolo a través de sus instituciones de dominación, control, coerción y de punición social, sino también resulta fundamental el accionar práctico y diario de un conjunto de mediaciones sociales, políticas e ideológicas, cuyas funciones coadyuvan en la perpetuación del sometimiento, y de la consiguiente satisfacción de la mayoría de las individualidades esclavizadas por el poder.
A pesar que el orden social se ha transformado a lo largo de los siglos de la historia humana, mutando los grilletes y cadenas, por otras de naturaleza visible, que han sido descripta como los “derechos”, “comodidades”, “seguridades”, “previsibilidad” etc.

Los entes masificados, que no se han despojado de sus cadenas, mediante una práctica de ruptura y de negación a la estética y a las ficciones originadas del espectáculo social, solamente prevalecerá las motivaciones opacas, ya que la constitución de dichas masas como un sujeto colectivo, será precisamente la antitesis de ruptura y de negación, que constituye un acto eminentemente individual, y por ende, será una reafirmación de la esclavitud, por medio de nuevas cadenas y, de nuevos amos.
Resulta falaz las interpretaciones que tiene un origen hegeliano, como el desarrollo de la masa como sujeto, o sea como factor de emancipación. Pero, ¿cómo romper con la esclavitud? ¿Cómo dejar de ser un esclavo feliz? Primeramente abandonando el idealismo de ser parte de una sujeto único, y reafirmarse como individuo. Dicho acto, que constituye la primera escena de la ruptura, no implica transformarse en un espectro, lleno de frustraciones, sino todo lo contrario, es el principio de la ruptura y de la negación de todos los valores sociales y morales, que el espectáculo nos impone, y por el cual nos encadena a su señorío.
La esclavitud, no es sinónimo, únicamente, ni de manera exclusiva, de sometimiento económico de los individuos/as, como pretende el determinismo marxista, sino que si bien el aspecto económico constituye un factor de la esclavitud, es cierto, pero no es el único. Junto a la servidumbre de naturaleza económica, se aúnan una serie de factores esenciales - propiedad, trabajo, apropiación del espacio / tiempo, masificación, pérdida de la individualidad a través del discurso religioso del clasismo, la paciencia, la esperanza, al programa político, etc. Todos estos, coadyuvan a que las individualidades no generen su propia ruptura y negación con el sistema, sea por temores, sea porque anida en su ser la falsa idea de “libertad”.
Hay que tener en claro, que una sociedad que se estructure sobre el trabajo, y la apropiación de existencia individual, es indubitablemente un orden social esclavista, cualesquiera que sea la estética que el espectáculo social haya adoptado, ya que para ello es necesario la adopción de dogmas y valores que coadyuven a la masificación borreguil de las individualidades.
Romper las cadenas de la esclavitud dentro de las decadentes sociedades modernas, sin intención de mejorarlas ni cambiarlas, que tengan su fundamento en la individualidad de cada uno nosotros, será aquel que se plantea la insurrección infinita del individuo/a, y la destrucción absoluta de todos los parámetros sociales y sus consecuencias, que signifiquen, el sometimiento al un ente exterior a nosotros, como el Estado/capital.
Lo contrario, significará perpetuar la esclavitud individual, bajo los designios de un programa político y las instituciones creadas o propugnadas por aquel.
Dejemos de ser esclavos, mostremos hostilidad e insumisión al orden social y a sus sombras y espectros, no importa que los rebeldes seamos pocos. Romper, romper, aún con el acto aislado, que sea demostrativo que este orden social debe ser destruido, y que no existe felicidad alguna en la esclavitud y en la alienación individual.
NIHIL

CONTRA TODOS LOS VALORES

Resulta útil citar a Heidegger cuando dice: “Si Dios ha abandonado su lugar en el mundo suprasensible, este lugar, aunque vacío continúa estando..El lugar vacío pide incluso ser ocupado de nuevo, y sustituir el Dios desaparecido por otra cosa..”
Es así, que constituye un lugar común en la cotidianeidad del espectáculo del orden social vigente, escuchar hablar de la necesidad que florezca nuevamente los valores morales, éticos, religiosos etc., o que los problemas que afrontan una nación se deban a la ausencia de aquellos valores, por lo tanto, ante dicha falta, una maldición divina azota a las modernas Sodomas y Gomorras.
Es normal, asimismo, que las diversas ONG, confesiones religiosas, capital y Estado premien a individuos, por su sumisión a los valores socialmente aceptados por el orden social capitalista, es decir, se premia al esclavo feliz, el que se somete sin discusión alguna a las pautas de conductas que su amo le ha impuesto, a aquel que jamás se rebelará, y que agradece a su patronos por dejarlo vivir y morir, eso sí pidiéndole su autorización y la correspondiente bendición.
Sin embargo, cabe interrogarse que son los valores, y el por qué se rechaza el mismo. Menuda tarea es analizar la esencia misma de los valores, pero sí se puede aunque mal no sea en forma provisoria dar algunos elementos que por lo menos aproxime al concepto del valor, y al consiguiente rechazo de los mismos.
A lo largo de la historia de todas las civilizaciones, las diversas sociedades y sus castas dominantes, tenían por finalidad exclusiva, no sólo enriquecerse, sino también pervivir en el tiempo, y para ello, imponían por intermedio de normas, códigos, leyes, tabúes, etc., pautas de conductas, valores morales, mandamientos divinos, etc., que eran un imperativo de lo que se debía hacer, y cuales eran las conductas vedadas para las individualidades.
Si bien, las escalas de valores que se le imponen desde el exterior a los individuos/as no son iguales a lo largo de la historia, es dable afirmar que todas ellas tienen un común denominador de inhibir la autonomía, el poder y la libertad. Los valores constituyen un concepto imperativo, que impone y, que obliga, sea por las costumbres, sea por la coacción física o moral de ser excluido de la sociedad.
Los valores, han tenido un gran dinamismo, en correlación con el desarrollo del espectáculo del estado y el capital, pero en todos ellos, se entronizan como el ejemplo la “perfección” de los valores humanos, el auto-sacrificio, sea por la patria o la religión, el martirio, el dolor, que es la visión de la virtud humana, pero jamás el placer, el deseo individual.
Es decir, que la escala de valores que nos es impuesta exógenamente a los individuos / as, es un orden metafísico que olvida a la individualidad, transformándonos en “entes”, el cual deja de ser sujetos únicos a fin de transformarnos en un objeto masificado sin autonomía y libertad.
Ruptura y destrucción, son las dos principales acciones de los individuos/as contra los imperativos. Sin embargo, es cierto que no es sencillo los proceso de ruptura y destrucción contra todo aquello que ha pervivido producto de la superstición, de las costumbres por miles de años. Es verdad, no es una tarea sencilla, pero dicha tarea hay que puntualizarlo, no es colectiva, no es la resultante de la decisión de algún guía iluminado, sino todo lo contrario, dicho proceso, es exclusivamente individual, ya que debe fundamentalmente basarse en la praxis individual, y empíricamente rebelarse contra todo aquellos imperativos que nos aplasta.
Como Anárquico, no se puede más que estar en contra de todo aquello que es coadyuvante de nuestra esclavitud, que implica abandono de la autonomía, del poder y de la libertad absoluta. Si bien, muchos podrán de manera abstracta mostrar su conformidad con lo dicho, la situación no es tan sencilla.
Resulta patético ver, como ciertos elementos que se califican a sí mismos libres de toda imposición e imperativo religioso, frente a los valores se postran piadosamente frente a los mismos, e intentan excusarse expresando la necesidad de crear una nueva estructura de valores aplicable a la sociedad futura. Mentiras, no hace falta ello, es necesario la destrucción de todo aquello que nos ata al actual orden social.
Es indispensable romper con todo los valores de esclavo, que es la negatoria de la vida, del placer y de la propia libertad de los individuos / as como seres con poder y libertad absoluta.
Bien y mal. Crimen y Castigo. Justos y pecadores, no son solamente palabras lanzadas al vacio son imperativos que el orden social nos ha impuesto, y que dicha imposición se ha hecho carne en nuestra individualidad.
Por ende, no solamente resulta necesario desembarazarnos de las pautas o valores impuestos jerárquicamente por algún guía, Estado, religión, etc., sino que además es vital la práctica de ruptura con dichas las estructuras de valores, praxis, se reitera, que deberá ser individual, ya que resulta imposible una ruptura colectiva, ya que la masificación es antagónica con la individualidad, y su autonomía, y ello significaría que rupturas y destrucciones por sujetos colectivos implique la reapropiación de la misma dinámica y la adopción de nuevos imperativos, productos del nuevo espectáculo social que se esta representando.
Se debe demoler, no sólo las estructuras tangibles del poder estatal y del capital, sino también todas aquellas que son intangibles, pero no por ello menos importante en el ejercicio del dominio y coerción social por parte del poder.
El rechazo a todo las escalas de valores- léase moral, ética, patriotismo, clasismo, etc.- significa desembarazarse de todas las lacras sociales. Por ello, que la ruptura individual y la consiguiente destrucción de los valores deben darse a través de una crítica radical, producto de la práctica individual, ya que sólo así, podrá ser el inicio de un verdadero insurreccionar que conlleve a la ruptura y a la destrucción de todos aquellos imperativos que nos es impuesto desde el exterior.
NIHIL

ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA CLASE

Como Anárquico, se rechaza el concepto marxista, acerca de la misión histórica de la clase obrera industrial, por sobre la totalidad de los explotados, y por el cual acaudillara al conjunto de los explotados, a través del partido “revolucionario”, a la liberación del conjunto de la humanidad.
Sin emitir ningún juicio de valor u opinión respecto a la definición que el marxismo realiza sobre el concepto de clase social, resulta necesario realizar algunas reflexiones sobre qué es la clase, a través del prisma Anárquico.
En primer lugar, se rechaza la mistificación marxista de la denominada “centralidad de la clase obrera”, que no significa absolutamente nada, y mucho menos clarifica acerca del concepto de “clases”, ya que aquella definición, es propiamente heredera de la tradición hegeliana, ya que resulta determinista y mesiánica acerca del hipotético papel redentor de una clase social determinada, y nada se plantea sobre la destrucción de las clases, como fuente de privilegios, jerarquías dominantes, etc.
Por ello, resulta preciso desmontar dicha noción, que no toma en consideración la profunda dinámica transformadora, que constantemente opera en el concepto de clase.
Históricamente, las distintas sociedades distinguían a sus miembros conforme si “poseían” o “ no poseían” bienes, sean estos muebles o inmuebles. Con el transcurso del tiempo, la posesión hacía referencia sobre la propiedad de herramientas y medios de producción, para distinguir a los explotadores con los explotados. Pero la noción de “posesión” o de “carencia de posesión”, ha ido mutando a lo largo del tiempo en las sociedades divididas en clases antagónicas.
Sin embargo, la posesión de las “riquezas”, no constituye hoy en el actual desarrollo del capitalismo, y la consiguiente realidad productiva, como una explicación suficiente para definir la naturaleza de las clases sociales en este estadio del capitalismo.
Es preciso señalar, que la “carencia” o la “posesión”, por parte de la clase obrera, no era absoluta, ya que se poseía la fuerza de trabajo. Empero, hoy, en el capitalismo post-industrial, y la nueva realidad tecnológica, que de manera desigual abarca globalmente al mundo entero, la “no-posesión” adquiere una nueva significación social, ya que las pretéritas contradicciones de clases, las viejas conflictividades entre aquellas, como así también, las distinciones entre obreros y burgueses,, han perdido virtualidad.
Ello es así, toda vez que la nueva realidad científico-tecnológica, ha generado un nuevo código o lenguaje, que diferencia a los individuos / as entre aquellos que poseen el dominio del mismo ( incluidos) y aquellos que carecen del mismo ( excluidos). Lo que conlleva, que no sólo que se hayan extraviado los puentes comunes entre las individualidades, producto de un código común, sino también que los desposeídos y excluidos, no podrán escalar los altos muros que los separan de los incluidos y su nuevo lenguaje. Y, dicha imposibilidad, constituye el eje por el cual el Estado/capital ejercerá el dominio y el control social sobre los desposeídos y excluidos.
Las distinciones de clases, lejos de haber desaparecido, se mantienen más viva que nunca. Pero el interrogante que surge ante esta nueva realidad social ¿hacia donde debe direccionarse el proyecto revolucionario?¿, ¿ Cuál es la metodología que pueda acercarnos a la destrucción de este sistema y de las clases sociales?.
Se considera, que resulta indispensable desmontar del concepto de clase de la visión productivista, o sea, entre el propietario de los medios de producción y la fuerza del trabajo, ya que el aceptar dicha lógica, significa una aceptación expresa de la visión idealista de la producción promovida por el capital.
Es por ello, que los explotados deben negarse como clase productora, tal como lo plantea el marxismo, ya que parafraseando lo que han dicho otros,” el proletariado como clase jamás destrozará este mundo, porque... pertenece a este mundo”. Y, ello constituye una gran verdad, por ende, es necesario, negarse a sí mismo como perteneciente a un ghetto social.
Se debe romper, con la dinámica economicista, no sólo para explicar la existencia de clases, sino también, para la necesaria destrucción de las mismas, ya que apropiarse de dicha concepción nos conduciría necesariamente a quedar atrapado dentro de las redes del propio sistema, ya que se realizaría una crítica la sociedad dividida en clases utilizando, conceptos y lógicas propias de este orden social clasista.
Por ello, resulta necesario, un verdadero rompimiento, no sólo en la crítica radical, sino también en la praxis misma que se lleve acabo, romper con toda la lógica que sustenta el edificio que alberga las distinciones y la pervivencia de clases sociales, la mercancía, etc.
Es cierto que el capital se transforma a sí mismo, resulta evidente que los roles de los individuos / as en la sociedad clasista ha sufrido profunda mutaciones a lo largo de la historia, es claro, que los nuevos lenguajes que la nueva realidad productiva ha impuesto, ha ampliado las brechas y hecho imposible todo tipo de comunión entre las individualidades, es cierto que las clases sociales ha pesar de las transformaciones continúa existiendo.
A pesar de todo ello, el Anárquico, es negador y destructor de toda lógica jerárquica, autoritaria y mercantil. Por ello, se debe plantear, no sólo la negación de todo tipo de valor que nos aprisiona, y esclaviza, sino también una ruptura con la condición, o clase, que el propio espectáculo social nos ha endilgado, y sólo así, se podrá plantear seriamente de manera germinal un proyecto negador y destructivo, porque ya lo hemos abandonado, y se ha roto con su lógica y dinámica.
Si ello es factible. Eso depende de cada individualidad, el Anárquico, no es un mesías, ni un sacerdote que trae consigo verdades reveladas, es simplemente parte del movimiento real de lucha. Pero esto es otro debate.

NIHIL


viernes, agosto 25, 2006

LA NECESIDAD DE LA DESTRUCCIÓN DE TODOS LOS DIOSES

Se puede preguntar: ¿Cuál es la motivación de un Anárquico en el actual orden espectacular? La respuesta a dicho interrogante se puede definir en pocas palabras: Destrucción del orden social, de todos los dogmas morales y de los valores sociales que la sociedad ha impuesto a lo largo de los siglos. Si bien, las motivaciones que han sido descriptas anteriormente puedan parecer muy humildes, la realidad demuestra absolutamente lo contrario.
Ello es así, ya que dichos paradigmas constituyen los cimientos mismos sobre lo que se yergue el edificio del orden social, y de todas las simulaciones representadas en la sociedad mercantil / consumista.
Sin embargo, con el sólo hecho de declarar la destrucción de la sociedad y de todos sus dogmas y valores, no significa bajo ningún punto de vista, que no se hayan erigidos nuevos dioses sociales, en reemplazo de los asesinados, cuando el accionar de los individuos libres y negadores de valores y dogmas, demostraron las falacias y las fantasías que los viejos dioses metafísicos representaban. Lamentablemente las tímidas experiencias de ruptura / negación que los individuos/as han experimentado en las distintas etapas de la historia humana, no han significado la destrucción de los nuevos espectros, que el propio orden espectacular creaba, a fin de mantener esclavizados a los individuos/as, todo lo contrario, los mismos se han ido transformado, aquellos asesinaban a los viejos dioses, y los reemplazaban por nuevos dioses seculares. Por lo que los espectros o “sombras” de dios, aún perduran hasta nuestros días.
El viejo dios metafísico, fundamentado por los denominados “padre de la iglesia”, había sucumbido bajo la guillotina de la Revolución Francesa de 1789, y del accionar de los filósofos iluministas del siglo XVII. Pero el verdugo, a pesar de haber matado al dios metafísico, y entronizado el reinado de la Razón y del Progreso, significó que éstos últimos comenzaren a erigirse como un nuevo dios social, el dios de la razón.
Pero aquel, no sería el único, los espectros y las sombras del viejo dios muerto serían múltiples, y estarían personificados por las diversas tendencias del pensamiento moderno, en el cual la razón y el progreso, serían las columnas vertebrales en las cuales se sostendrían el edificio de la sociedad moderna.
El viejo dios, y toda la policromía de dogmas, valores y supersticiones, serían reemplazados por nuevas deidades, o mejor dicho por los espectros del dios muerto o asesinado. Las ideas de Marx y de sus discípulos, de Hitler, Mussolini, de la democracia representativa, etc, basados en la razón científica de la construcción de un paraíso terrenal, sin contradicciones, de clases, de razas, de la igualdad fraternidad y libertad, son el ejemplo viviente de los nuevos dioses que la razón ha generado.
La historia, como acción práctica, ha demostrado de manera insoslayable, no sólo el fracaso del dios metafísico, y sus promesas de “paraísos”, sino también que los dioses sociales, representados por los pensamientos ideados por los personajes antes citados, o de sistemas políticos/ ideológicos, también han fallado.
Ante ello, el orden espectacular, ha asesinado a estos viejos espectros y reemplazados por la nueva religión social del mercado y del consumo, de la ciencia y de la técnica, la simbología de la adoración, estarán determinados por los nuevos inventos científicos/técnicos, y por la capacidad de consumir de las individualidades.
Pero a pesar de todo, un hilo conductor vincula, sin ruptura alguna, los viejos dioses metafísicos, y las diversas deidades seculares, y la misma es la perpetuación del dominio y del sometimiento de las individualidades, tal vez hoy no sea la superstición, el martirio de fanáticos, quienes determinen la existencia de dichos espectros, sino la mercancía, el consumo, etc. Pero todos ellos poseen la misma esencia dominadora.
Es dable observar, que en las épocas actuales, la fuerza de dichos espectros, no esta dado, como antaño por la coerción y la punición, todo lo contrario, los valores, dogmas y morales, que dichas deidades imponen tienen una gran capacidad seductora, seducción esta que sirve para entusiasmar , aún aquellos que formalmente se oponen a todo lo que representa el orden social y los valores prohijados por el mismo.
El orden social y todos sus paradigmas, son los espectros del viejo dios metafísico, que es el resultante de la razón y la moral, y aquel se traba en lucha contra la vida y la pasión, a fin de impedir que la libertad individual signifique reapropiarnos de nuestra vida.
Por ello, resulta necesario, asesinar a los dioses seculares, y a todos sus espectros. Es imprescindible, matar a todos espectros y sombras de dioses que han fracasado en plantear, que basados en la razón pura, pretendieron crear paraísos terrenales para los individuos/as, basados en la razón y en el resentimiento, solamente así y, destruyendo todos los valores y dogmas impuestos, ya sea a la luz de un dios metafísico, o de un espectro o sombra de un dios secular, podremos construir, de manera individual, a través de un infinito devenir de rupturas y negaciones nuestros propios valores, abandonando todo dogma o valor de los espectros y sombras de los dioses muertos.
Solo así, cada individuo podrá comenzar el proceso de ruptura / negación con el orden vigente.