ALGUNAS BREVES NOTAS SOBRE VIEJOS Y NUEVOS DIOSES Y NEGACIÓN / RUPTURA
I
Cuando partimos de la premisa que es necesario la destrucción del orden social y de todo lo existente, sean estos: sus dogmas morales, valores, virtudes, cultura, etc., se está planteando las motivaciones básicas que se propone cualquier individualidad anárquica.
Sin embargo, ello no sólo no es una tarea sencilla, sino también, que es indispensable tener en consideración que la motivación de la destrucción y muerte de los viejos dioses, estuvo signada también por la necesidad de la destrucción del orden social y de todas las reglas que imperaban en dichas sociedades.
Asimismo, no resulta útil, las meras críticas formales y superficiales de los valores y dogmas, ya que no se estaría realizando una crítica radical al aspecto esencial y determinante de aquellos, y de sus herederos los espectros y sombras que el viejo dios destella a su muerte.
Ello es así, toda vez que la premisa fundamental de la existencia de los viejos dioses metafísicos tiene como piedra angular de su estructura de dominación social: los dogmas morales y sus valores, en la cual nos proponen vivir en la sociedad del sufrimiento.
Ello surge con prístina claridad, y a ello no escapa ninguna religión metafísica, el profundo odio que éstas siente contra todos los espíritus libres, o sea contra todas las individualidades con poder y autónomas. Aquellas, con sus morales de borregos, proponen que ahoguemos nuestras pasiones, y nuestra felicidad basada en la libertad absoluta, y en cambio nos proponen que la felicidad debe estar edificada sobre lo cimientos de la sumisión y del ahogamiento de nuestras pasiones y, entronizando falsos valores, que son elevados al rango divino, como el sacrificio y el martirio del individuo/a, la homogeneidad, al someterlos a una moral de borrego.
En la modernidad, el dios metafísico murió, pero sus sombras, y su aliento pervivían en la existencia de los nuevos dioses seculares, que a partir de la modernidad se fueron gestando. Los individuos / as, o bien rechazan la idea misma de dios, o bien la adaptaban a sus circunstancias, y en ambos casos era sumamente útil y beneficioso para que perviviera los dogmas y los valores del sometimiento.
II
La simbología de los viejos dioses ha mutado. Sin embargo dicha transformación que se ha operado en las creencias, dogmas y valores pre-establecidos, mantienen inalterable los aspectos esenciales de los viejos dioses, por más que éstos hayan sido reemplazados por nuevas deidades seculares.
Al igual, que en tiempos pretéritos, las modernas sombras y espectros del sometimiento, y del aplastamiento individual existe, ya no a través de sacerdotes, shamanes, libros sagrados, etc., sino por una simbología adecuada a la era post-moderna en que vivimos, que se traducen a través de una compleja red de instituciones políticas y sociales, religiosas, educativas, que conllevan a que las individualidades, no sólo se masifiquen detrás de una conducta aceptable y previsible para el orden social vigente, y común a todos. Y dicha homogeneidad en nuestras conductas y, practicas diarias conllevara necesariamente a que nuestra individualidad sea encadenada, y sometida a los más extremos suplicios por parte de la maquinaria social.
Sin embargo el individuo/a, de manera inconsciente considera como normal la estructuración y la manera como el orden social moldea y estructura su individualidad, por medio de valores y dogmas sociales, y culturas masificadas, y mistificaciones institucionales.
III
Cuando el individuo/a comienza a hacerse preguntas acerca de la estética y de las distintas ficciones que el espectáculo social va generando en su accionar, acaba sintiendo que todos dichos valores erguidos con el objetivo del sometimiento individual a un imaginario colectivo – sociedad- resulta una carga que lleva tras de sí resulta muy pesada.
El cuestionamiento efectuado por el individuo/a, que puede llevar a un estadio inicial de negación de los valores, pautas, dogmas, etc., no es en sí mismo suficiente para considerarlo como el inicio del proceso de negación / ruptura con todo los valores existentes, ya que nada hace para reafirmar su individualidad, sino que solamente son ficciones o apariencias de negaciones/ rupturas, toda vez que no se han propuesto la destrucción de los valores que nos ha sido transmitidos por la maquinaria social.
Es cierto, que al estar integrado a una sociedad, y convivir junto a millones de individuos, asimilemos pautas de conductas pre-establecidas por las costumbres, y que muchas veces se intente un ritual común con todos aquellos.
El proceso de negación / ruptura, no es identificable, ni homogéneo, todo lo contrario, es autónomo, ya que las preguntas y las motivaciones para el inicio de dicho proceso, se fundamentará en las negativas a los distintos rituales que participaba el individuo, y que están determinados por las creencias generalizadas y normativizadas del orden social.
El hablar de negación / ruptura, no significa identificarlo con la “opinión propia”, todo lo contrario, ya que esto último, no puede ser considerado como el germen de un proceso de negación de los valores impuestos a las individualidades exógenamente, sino que es más bien parte de la estética del espectáculo de crear ficciones de “libertad”, cuando en realidad no se ha iniciado el cuestionamiento de toda las estructuras de valores que sostienen el edificio social.
En cambio, el proceso de negación / ruptura y su traducción práctica en la destrucción, implica un movimiento individual, que no halla su fin, sino que las negaciones y las rupturas a los parámetros que inconscientemente pueden ir solidificándose en nuestra individualidad, son constantes. Es un infinito insurreccionarse como individuo/a.
IV
Es así, que los viejos dioses, como las nuevas deidades, generan, como se ha visto, un complejo sistema de valores, conductas y dogmas, que coadyuvan a su sostenimiento, y al sometimiento de los individuos/a, a través de los roles estereotipados que el orden social impone a cada uno de nosotros.
No basta, con poseer un sentimiento de desagrado, e incluso crear ficciones de negaciones y rupturas con el orden vigente y sus valores impuestos, ya que ello, puede incluso significar una manera de sostenerlo, al considerarnos parte de este sistema.
Es preciso señalar, que el camino de la negación/ ruptura y posterior destrucción, que se reitera es un hecho exclusivamente individual, significa una profunda desestructuración de todos los parámetros sociales, culturales, etc., que el espectáculo impone, y que frente a las preguntas que nos formulemos, debemos dar respuestas que impliquen la negación al actual orden de cosas, a la ruptura con el mismo, y la consiguiente destrucción de todos los condicionamientos externos a nuestra individualidad, que impone la sociedad.
Y, para que las sombras y espectros de los viejos dioses no se posen nuevamente sobre nosotros, como individuo/as, el proceso no debe hallar fin, sino ser infinito.
NIHIL

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