lunes, agosto 28, 2006

ALGUNOS ESCLAVOS FELICES

Como bien han dicho algunos: “ No hay peor esclavo que el esclavo feliz. No hay tiranía más segura que la que se soporta con alegría”
Esta simple frase es de una gran profundidad, además de encerrar una gran verdad. La alegría de ser esclavos, en el actual orden social, está llenando las prisiones de víctimas voluntarias, deseosas de esclavizarse, sin ruborizarse de manera alguna, y ante cualquier atisbo de ver peligrar los grilletes con que el espectáculo social los ha encadenado, esa masa amorfa y uniforme de esclavos felices, y deseosos de profundizar su esclavitud, no dudarán, ni un sólo instante de clamar y rogar a los poderes a que “actúen”, para que la seguridad impuesta por sus amos perdure, y por ende, perviva la tiranía del Estado/capital.
Hoy, la felicidad de la esclavitud, esta dada por otros factores, ya no es más la seguridad del techo y de la comida de siglos anteriores, todo lo contrario, la esclavitud se ha transformado, es mucho más sutil, es travestida a través de los derechos, de la ciudadanía, de la democracia, del trabajo, de los derechos humanos, de los bienes de consumo, vacaciones, tarjetas de créditos, etc.
Sin embargo, lejos de analizar los distintos aspectos de la esclavitud, resulta más conveniente, en plantear algunas reflexiones sobre la psicología de las masas, que voluntariamente se esclavizan. Pero también, opinar sobre la caducidad de los viejos discursos ideológicos, que no son más que viejas cantinelas llenas de concepciones morales, de martirio y, de sacrificio, en aras de la consecución de una hipotética redención, que no es más, que un simple cambio de amo.
El factor clave que permite al Estado/capital, poseer un ejército de esclavos felices, es simplemente la alienación de millones de individuos / as, no sólo sometiéndolo a través de sus instituciones de dominación, control, coerción y de punición social, sino también resulta fundamental el accionar práctico y diario de un conjunto de mediaciones sociales, políticas e ideológicas, cuyas funciones coadyuvan en la perpetuación del sometimiento, y de la consiguiente satisfacción de la mayoría de las individualidades esclavizadas por el poder.
A pesar que el orden social se ha transformado a lo largo de los siglos de la historia humana, mutando los grilletes y cadenas, por otras de naturaleza visible, que han sido descripta como los “derechos”, “comodidades”, “seguridades”, “previsibilidad” etc.

Los entes masificados, que no se han despojado de sus cadenas, mediante una práctica de ruptura y de negación a la estética y a las ficciones originadas del espectáculo social, solamente prevalecerá las motivaciones opacas, ya que la constitución de dichas masas como un sujeto colectivo, será precisamente la antitesis de ruptura y de negación, que constituye un acto eminentemente individual, y por ende, será una reafirmación de la esclavitud, por medio de nuevas cadenas y, de nuevos amos.
Resulta falaz las interpretaciones que tiene un origen hegeliano, como el desarrollo de la masa como sujeto, o sea como factor de emancipación. Pero, ¿cómo romper con la esclavitud? ¿Cómo dejar de ser un esclavo feliz? Primeramente abandonando el idealismo de ser parte de una sujeto único, y reafirmarse como individuo. Dicho acto, que constituye la primera escena de la ruptura, no implica transformarse en un espectro, lleno de frustraciones, sino todo lo contrario, es el principio de la ruptura y de la negación de todos los valores sociales y morales, que el espectáculo nos impone, y por el cual nos encadena a su señorío.
La esclavitud, no es sinónimo, únicamente, ni de manera exclusiva, de sometimiento económico de los individuos/as, como pretende el determinismo marxista, sino que si bien el aspecto económico constituye un factor de la esclavitud, es cierto, pero no es el único. Junto a la servidumbre de naturaleza económica, se aúnan una serie de factores esenciales - propiedad, trabajo, apropiación del espacio / tiempo, masificación, pérdida de la individualidad a través del discurso religioso del clasismo, la paciencia, la esperanza, al programa político, etc. Todos estos, coadyuvan a que las individualidades no generen su propia ruptura y negación con el sistema, sea por temores, sea porque anida en su ser la falsa idea de “libertad”.
Hay que tener en claro, que una sociedad que se estructure sobre el trabajo, y la apropiación de existencia individual, es indubitablemente un orden social esclavista, cualesquiera que sea la estética que el espectáculo social haya adoptado, ya que para ello es necesario la adopción de dogmas y valores que coadyuven a la masificación borreguil de las individualidades.
Romper las cadenas de la esclavitud dentro de las decadentes sociedades modernas, sin intención de mejorarlas ni cambiarlas, que tengan su fundamento en la individualidad de cada uno nosotros, será aquel que se plantea la insurrección infinita del individuo/a, y la destrucción absoluta de todos los parámetros sociales y sus consecuencias, que signifiquen, el sometimiento al un ente exterior a nosotros, como el Estado/capital.
Lo contrario, significará perpetuar la esclavitud individual, bajo los designios de un programa político y las instituciones creadas o propugnadas por aquel.
Dejemos de ser esclavos, mostremos hostilidad e insumisión al orden social y a sus sombras y espectros, no importa que los rebeldes seamos pocos. Romper, romper, aún con el acto aislado, que sea demostrativo que este orden social debe ser destruido, y que no existe felicidad alguna en la esclavitud y en la alienación individual.
NIHIL