jueves, septiembre 07, 2006

EL DILEMA DEL INDIVIDUO: Borrego o Rebelde

I.-

Nuestras vidas son miserables, de ello no cabe la menor duda. Pero la miserabilidad cotidiana de nuestra existencia es ocultada detrás del velo que las diversas representaciones proyectan, ocultando el verdadero horror de nuestras existencias diarias.
Nuestro nacimiento es el primer acto de sometimiento y de servidumbre que sufrimos y, que se profundizara aún más en un futuro muy cercano.
El poder, por intermedio de las multiplicidades de instituciones de dominio y de control social, nos inocula el virus del temor, del rebaño, y el de la cotidianeidad.
Hay que ser como todos, ese es el estereotipo que nos ordenan, no hay que salirse de las pautas fijadas, debemos cumplir el rol que la sociedad espectacular nos ha predeterminado, aún antes de nacer.
De casa al trabajo y del trabajo a casa, es un viejo adagio popular, que todos los Estados y el capital aplican, no vaya a ser que al desviarse del camino establecido, extrañas ideas puedan ser inyectadas en las mentes de los individuos / as, y que seguramente mucho efecto podrá ocasionar en aquellas individualidades que ha tenido la posibilidad de desvelar los distintos telones que la simulación espectacular monta, a los solos fines de su ejercicio controlador.
Pero, la fascinación que provoca los valores y los roles son muy poderosos Y, no por el sólo hecho de expresar que nos hemos desembarazados de los mismos, aquellos no ejercen en cierta manera de alguna influencia. Dichas pautas y roles deambulan como fantasmas al acecho de aquellas individualidades que han comenzado a rebelarse como individuos / as, iniciando el largo camino de negación y de ruptura de todos los valores, creencias y dogmas morales.
Este proceso negador genera incertidumbres. Ello es así, y no cabe la menor duda, ya que las incertezas, es donde anida los fantasmas, que pueden conducirnos a distintas variantes de pasividad, bajo la advocación de una nueva armonía o punto de equilibrio, que no es otra cosa, que el encadenamiento de nuestro ser a una nueva deidad secular, en reemplazo de la muerta.

II.-

Nuestras vidas son inoculadas diariamente, desde el mismo momento del nacimiento, de una serie de representaciones y ficciones sociales, tales como: familia, amistad, democracia, trabajo, etc., cuya utilidad es simplemente en convertirnos en buenos súbditos y/o ciudadanos, y como se puede ver, ello es sinónimo de sometimiento a la autoridad del poder estatal y del capital, como asimismo, renuncia “voluntaria” de nuestra autonomía individual y de nuestro poder y libertad, delegándolo todo ello a una “instancia superior”, como es el Estado quien a través de sus aparatos de dominio y coerción social se apropiaran de nuestras vidas, decidiendo por cada uno nos.
Ello no debe llamar la atención, ya que al momento de nacer, el Estado comienza a ejercer su potestad de dominio, delegando a la familia, de manera transitoria, el sometimiento del niño a los poderes superiores, tarea ésta, que continuará con la educación, homogeneizando a las diversas individualidades en diversos roles, entrenándolo en el “amor” y “respeto” a la propiedad privada, a la mercancía, a los poderes constituidos, al trabajo, etc., en otras palabras, a que nos transformen en seres pasivos, que acepten plenamente la sumisión y la servidumbre impuesta, que sean esclavos satisfechos y conformes de su condición.
Cabe subrayar, que con sólo observar diariamente, en los medios de transportes, en el trabajo, en las instituciones educativas, en los lugares de esparcimiento, en las relaciones humanas ( “amor” y “ amistad”) que todos dichos seres no son más que entes amorfos y autómatas, que se despiertan, realizan su actividad, duermen, se divierten, etc., porque así se le ha impuesto, porque ello es lo “normal”, y por lo tanto, hay que aceptarlo sin cuestionamiento.
Aquellos que se hallan satisfechos de tal condición, se encontraran seguros bajo el paraguas protector y ordenador del Estado, dirán “siempre fue así, por ende, no me cuestionó nada”. Esa protección que brinda el poder estatal, y que podemos denominarla “seguridad”, es fundamentalmente aquella que implica que el poder no varíe la cotidianeidad gris y amorfa de cada día, que impida y ejerza toda su potestad para evitar aquellos individuos/as que con su praxis de negación /ruptura intenta destruir dicha cotidianeidad, ya que ello significa, evidentemente, ver lo que no quieren ver, porque al descorrerse el telón de las representaciones proyectadas, evidenciaran la verdadera significación de su vida, que no es más que una ficción. Es por ello, que los seres “normales”, aquellos que son esclavos de las pautas morales y dogmas impuestos, exigen seguridad. Para que la ficción en que viven no se vea contrastada por la verdadera dimensión de su existencia cotidiana, que no es otra cosa que esclavitud.
Mientras el poder pueda brindar dicha seguridad a la cotidianeidad, tendrá legitimidad entre los sometidos, sino perderán la misma, y buscarán aquellos representantes que pueda garantizar la misma, o sea, a nuevos amos a quien servir.

III.-

La sumisión de los seres, productos de la sociedad dividida en estamentos sociales, que crean y generan leyes, instituciones, reglamentaciones, etc., no es en sí misma una explicación del por qué de la servidumbre y el sometimiento de los individuos/as, sino que la existencia de tales regimentaciones, generan acostumbramientos entre los individuos / as a las manipulaciones y montajes erguidos por el poder, que conllevan hacia una tendencia inconsciente al sometimiento en sus relaciones de todos los días, y a desapropiarse de su propia vida.
Dicha tendencia tiene su propia lógica, y la misma es la de resignarse a dicha condición, y aceptar trágicamente la moral de borregos que los nuevos dioses imponen.
Sin embargo, no es suficiente explicación que dicha lógica este dada por la resignación de las individualidades a la servidumbre. No, no es ello solamente, toda vez que dicha dinámica, si bien no es uniforme posee características comunes. Uno de los factores de la resignación individual lo constituye tanto la democracia como el discurso único.
Por un lado - la democracia- establece el rebaño o, la masa como centro. La sociedad es endiosada como fuente de toda “sabiduría”, y como fuente de sometimiento de los individuos / as, vox populi, vox dei, reza un antiguo adagio popular, glorificando a la masa uniforme, a la sociedad civil como nuevo dios de la “igualdad” nivelando a las individualidades en su sometimiento al poder, pero dicha nivelación jamás aconteció con respecto a los privilegios de casta, clase, etc.
Dicha nivelación, exige la sanción de leyes, normas, constituciones, que pusieren en el vértice de la pirámide, a dios como fuente de todo conocimiento y sabiduría, es decir, que los individuos / as debían someterse como ocurrió en el pasado en la Francia republicana del siglo XVIII, postrarse ante un nuevo dios, el dios de la “igualdad” el dios del rebaño, demonizando a la autonomía individual.
Es decir el derecho, constituye la voluntad del nuevo dios erigido por la sociedad civil, el cual tiene por finalidad coartar la individualidad única e irrepetible que posee cada uno de los individuos / as, ya que ahora todos somos “iguales ante la ley”, o sea, constituimos objetos a los cuales se nos ha reservado el cumplimiento de un rol determinado en la actual sociedad espectacular.
En los párrafos precedentes se habla de igualdad, que vino a través de la democracia, el cual sometió a los seres a una lógica de borregos, que significaba, la muerte de la individualidad, con la consiguiente entronización de un único ser, un único cuerpo: el Estado y todas sus instituciones jurídicas, legislativas y políticas a través de la mistificación democrática. Renzo Novatore ajustadamente expresaba que ello constituía el triunfo del cristianismo y su espíritu de igualdad, su espíritu colectivo, de imponer dogmas y escalas de valores de rebaño, despreciando al individuo y a su individualidad.
Los viejos paradigmas y certezas mesiánicas, cuya rostro más visible lo constituía la idea de dios, ha muerto. La muerte de dichas certezas significaron que de los rostros humeantes de dicho dios se erigieran nuevos dioses seculares, que recorrían nuestro ser y nuestros actos, como sombras y espectros susurrantes. Dichas entidades tenían nombres propios: Iluminismo, racionalismo, progreso, evolución e incluso revolución.
Las búsquedas de nuevas vías de salvación por parte de las individualidades, a través de los interpretes de dichas sombras, no significaron más que la más absoluta impotencia de hallar la misma, ya que el viejo dios metafísico, ha sido reemplazado, como se ha dicho más arriba, por un nuevo dios secular, que estará apuntalado por la razón científica de la construcción de un paraíso terrenal, sin contradicciones, de clases, de razas, el reino de la igualdad fraternidad y libertad, son algunos de los ejemplos vivientes de los nuevos dioses que la razón ha generado, y en todos ellos no se reafirma la individualidad, al contrario, se propugna como razón última la necesidad que los individuos/as pierdan su condición de autónomos/as, y se masifiquen tras la idea de sociedad, clase social, o de sujeto colectivo

IV.-

Sin embargo, los viejos devaneos mesiánicos, que prometían la salvación, y la constitución de reinos milenarios, como Hitler, o el triunfo definitivo de una clase social determinada, tal cual lo planteara Marx con el proletariado, y la consecuente destrucción de los enemigos de la patria, o de la clase antagónica han muerto.
Sin embargo la muerte de dichos espectros, no ha significado, bajo ningún punto de vista, el reconocimiento de la bancarrota social del orden social vigente, y de todas sus estructuras culturales, sociales, históricas, etc.
Al contrario, la enajenación de los que son objetos las individualidades aún pervive.
La espectacularidad social, es simplemente la simulación y las ficciones que el capital establece entre personas mediatizadas por imágenes, lo que conlleva, empero, a que el antagonismo no este determinado por la ubicación de las individualidades en el proceso productivo, sino todo lo contrario, en la ubicación en el ejercicio / aceptación del dominio por parte de los aparatos mediadores del poder.
Ello es así, ya que el capital en esta era post-moderna ha fundado su poder en la proliferación de objetos de consumo, y en la mercantilización del goce, que deriva de aquella, como asimismo la apropiación del tiempo y del espacio de los individuos / as por parte del capital.
No puede considerarse un proceso de negación/ ruptura, el apropiarse de los susurros iluministas y cientificistas del marxismo, ni tampoco de sus variantes putativas, ya que el mismo, no es sinónimo de ruptura, sino más bien la continuidad de la decadencia, a través de nuevas sombras y espectros, o sea, de nuevos amos.
Por ende, cabe interrogarse ¿ qué hacer ante esta situación? Evidentemente, una negación/ ruptura con el orden social, tal como lo proponían, y aún lo proponen, los viejos dioses seculares, resulta imposible, ya que la praxis del capital absorberá, recuperará, y por lo tanto mercantilizará todo discurso destructivo del orden vigente, siendo ofrecido a la sociedad como bienes para ser consumido.
El discurso de la sociedad post- industrial, es masificador, en él se eliminan toda diferencia individual. El individuo/a, no es un ser único e irrepetible, sino que son cuerpos salidos de la misma matriz social, y su finalidad es el goce y el consumo masificador y homogenizador. Y, frente a la lógica que nos impone el capital, no se halla diferencias con el llamado “discurso alternativo” del marxismo, en ambos casos significa el avasallamiento del individuo, como ser autónomo y libre, por un sujeto colectivo: llamado clase social, ( proletario)
Clientes y clase, no sólo significan la masificación y la pérdida de individualidad de los individuos / as, sino también, son dos caras de una misma moneda, que significa ser co-individuos en la sociedad.
Para concluir, resulta necesario plantear al igual que Nietzsche nos dijo que el superhombre, el hombre nuevo, libre, sería aquel que se impusiera sus propios valores, trasgrediendo los imperantes, los valores del rebaño, hoy los valores de la sociedad de consumo, los medios masivos de comunicación y el discurso capitalista. ¿La salida? El individuo.

NIHIL

lunes, septiembre 04, 2006

LA NECESIDAD DE LA NEGACIÓN/RUPTURA DE LOS ACTUALES PARADIGMAS.

Todo anárquico, gusta de hablar en debates y reuniones públicas, o gastar ríos de tinta en sus publicaciones, volantes, folletos, etc., de conceptos tales como guerra social, conflictividad, subversión, etc., y de la necesidad de la revolución social, insurrección colectiva para la destrucción del Estado/capital
Es así, que se ha creado en torno a dicha terminología, una especie de pasaporte que abre el camino al microcosmos, o al ghetto de los anárquicos. Pero sostener una posición al contrario, significa caer en un profundo ostracismo, por el sólo hecho de rechazar aquellos paradigmas ideológicos, y las consecuencias que los mismos acarrean.
Sin embargo, los conceptos descriptos más arriba no son más que estereotipos que el orden social vigente impone a las individualidades, a fin de una mejor clasificación de los individuos / as en la actual sociedad, y por ende, una forma de control social.
La denominada “protesta social” en sí mismo, no implica, bajo ningún punto de vista, ninguna negación y/o rompimiento, aunque mal no sea germinal, con la sociedad de consumo y de mercancías en que vivimos, todo lo contrario, es simplemente, la forma que posee dicha sociedad para la continuidad y el perfeccionamiento en el ejercicio del dominio y control social.
Ello es dable de observar, en las continuas protestas que se han desarrollado y ejecutado en diversos puntos geográficos, en la cual, no sólo el orden social, ha podido recuperar la misma, utilizando todo una amplia gama de recursos, sino también y a despecho de lo que muchos plantean, dicha conflictividad social no ha generado ni un solo ápice de conciencia.
Cabe señalar, que pretender que la llamada protesta social, sean peldaños direccionados a combates sociales de mayor intensidad y envergadura, no sólo constituye una ficción, sino también, constituye un pensamiento que ha sido inoculado profundamente con la idea determinista y mecanicista del progresismo, provenientes del materialismo histórico del marxismo.
Cómo anárquico, no sólo se rechaza las ficciones que el orden social de dominación va generando a su paso, como falsos caminos que no llevan más que a callejones sin salidas, y todo ello con el objetivo de la perpetuación, no sólo de la sociedad del consumo y de la mercancía, sino además, del perfeccionamiento en el ejercicio del control social sobre los individuo/as.
Un proceso de negación y de ruptura, es netamente un acto individual, ya que constituye una reafirmación del poder del individuo/a frente a la masificación que nos propone el orden instituido. Falso resulta pensar, que los actos clásicos de protesta social, sea un ejemplo colectivo de ruptura, aunque sea momentánea, ya que dicho proceso negatorio no es uniforme y homogéneo entre las individualidades, al contrario constituyen la acción más heterogénea.
Ello es así, porque el acto insurrecto de los individuos, que significa la negación / ruptura con los dogmas y los valores que el orden espectacular nos impone, no se coronan como muchos gustarían de ver en una estructura de base, todo lo contrario, ello no sería más que una simple re-adaptación del concepto de homogeneidad, y la instauración de nuevas sombras y espectros en el acto rebelde individual.
La red de complicidades, no se homegeiniza jamás, es simplemente un entramado de intereses individuales, que desde diversos puntos de vistas, y muchas veces no interconectados entre sí, que atentan contra el espectáculo mercantil y consumista de la sociedad. Es la comunión de placeres.
Hay que rechazar todo intento de racionalización, ya que ello ahoga toda nuestras ideas y acciones bajo el yugo de valores y de creencias preexistentes. Las distintas individualidades cuando se rebelan contra el orden social existente, no lo hacen bajo condiciones homogéneas que su congéneres, las motivaciones de la misma, son múltiples, ya que múltiples es la insoportabilidad de la existencia que padece cada uno de las individualidades.
La complicidad que podamos sentir con otro, debe significar simplemente no una comunidad de ideas / acción, típico del análisis iluminista y racional que es la dimensión cuantitativa que nos propone el materialismo dialéctico, al contrario, la complicidad debe ser una comunión subversiva de distintas motivaciones individualidades, y de multiplicidades de negaciones y rupturas.
El orden espectacular intenta de manera persistente, en que los individuos / as no niegue los paradigmas que el siglo de las luces nos ha legado, todo lo contrario, la negación / ruptura, no es solamente aplicable al sistema de ideas, valores, creencias y dogmas del orden social mercantil y consumista, sino también que dicho proceso rupturista y negador debe ser aplicado también al discurso único “revolucionario” con el que se intenta homogeneizar bajo comunes denominadores a las individualidades.
Ello no resulta sencillo, ya que los espectros y sombras de los nuevos dioses seculares, hijos del iluminismo y del racionalismo, han inundado nuestras mentes de valores y creencias, con el fin manifiesto de estereotiparnos y encadenarnos a las voluntades de dichas sombras.
Por eso, cuando se habla de negación/ ruptura con los actuales paradigmas, se quiere significar, no la oposición, pero si la necesidad de destrucción de todo el cuerpo de dogmas, creencias y valores que los nuevos dioses han creado. Si bien, se plantea el deseo de la destrucción del Estado/capital, ello no será posible si se considera que la viabilidad de dicho acto esta dado por la sumisión a una ideología determinada, o que la factibilidad de aquello es producto de una confluencia de las distintas individualidades hacia un sujeto colectivo, al contrario, ello no significará ni ruptura ni negación del orden social, sino más bien, dará nacimiento a nuevas sombras de dominación y de control.
El acto de rebeldía, no se codifica ni en unas plataformas, ni en estructuras orgánicas, ni semi-orgánicas, es simplemente una orgía de placer destructivo que recorre el cuerpo del individuo/a. Es la bella sensación que genera el destruir a las sombras y espectros, que se traducen en el sometimiento y esclavitud de mi individualidad. El placer es un acto propio, único que no encuentra identificación en los placeres de otros. Por ello, justificar la homogeneidad es justificar el rechazo del placer de rebelarse.
NIHIL